lunes, 2 de noviembre de 2026

El ajedrez de la dama por Marcos Hernández

 El ajedrez de la dama. 


Hace algunos siglos, un grupo de sabios y estrategas acordó cambiar el destino de la guerra sobre el tablero. Decidieron otorgarle a la dama el poder absoluto. Combinaron en ella la fuerza directa de la torre y la astucia diagonal del alfil, transformándola en una pieza capaz de cruzar los reinos de madera de un extremo a otro, esquivando bloqueos y desafiando cualquier peligro. Sin embargo, un poder tan inmenso trajo consigo una terrible vulnerabilidad: perder a la dama debilita drásticamente el juego. Por eso, desde el inicio de los tiempos, los peones se ofrecen como escudos, los alfiles trazan líneas invisibles, las torres se levantan en  murallas y los caballos saltan al peligro; todas las piezas deben combinar sus fuerzas para atacar y defender su posición. Su vigilia eterna comienza en la primera línea de batalla, en la misteriosa columna d, donde las soberanas se miran de frente unidas por una simetría y separadas por el color de la tierra que pisan.

 La dama blanca en los dominios de la luz de d1; la dama negra en la densa penumbra de d8. Una regla inquebrantable que el destino siempre respeta: la dama reina en su color. Es el pacto antiguo que sostiene el juego y la estrategia.  

Peón 4 dama-peón d5, apertura de los peones de las damas,  el juego será estratégico, dando protagonismo a la capacidad de maniobra, el ajedrez posicional es esencial.


                               

Juegan blancas 

Ambos peones van en busca de la coronación.  A pesar de que las blancas llegan primero no es sencillo ganar el final.  Veamos la continuación: 1 h8=D Ra2  2 Rf4 Rb1 3 Db8+ Ra1 4 Re4 a2 5 Dh2 Rb1 6Rd3 a1 si corona dama las blancas dan mate en c2 y si corona caballo Rc3 y hay mate en b2. 

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